viernes, 19 de junio de 2009

De la selección de los maestros para las escuelas nacionales.

Las reflexiones de un maestro de la ILE hace 80 años

ÍNDICE RAZONADO DE LAS REFORMAS QUE INMEDIATAMENTE PUEDEN ACOMETERSE

1. De la selección de los maestros para las escuelas nacionales.

La oposición, como medio de seleccionar los maestros de la escuelas nacionales, ha caído en el mayor descrédito.

El Estado organiza los tribunales, y no se fía de ellos. De los opositores se fía menos. Del contenido de las disposiciones oficiales se deduce que tribunales y opositores no son de fiar

En este ambiente de molestas sospechas nacen a la vida oficial aquellos a quienes ha de confiarse la delicada misión de educar a los niños.

De la labor de los tribunales de oposición, lo menos que puede decirse es que carece de sentido, que es trabajo perdido.

Fuente: Ángel Llorca, Desde la escuela y para la escuela. Escritos pedagógicos y diarios escolares. Ed. Biblioteca Nueva/MEC, 2008 Contacta con la Fundación Ángel Llorca aquí

Los tribunales de oposición emplean su tiempo, días, semanas, meses, en leer y releer centenares de trabajos, pocos buenos, muchos malos, los más medianos—así se deduce de las calificaciones—, todos sobre el mismo tema, y en escuchar, o aparentar que escuchan, centenares de lecciones orales sobre temas mil veces manoseados, y, por tanto, sin ningún interés. Y por aquellos y estos trabajos juzgan, deciden del porvenir de un hombre y del porvenir de muchas generaciones de niños.

La preparación de los opositores cuesta mucho y no vale nada Consiste en estudiar a marchas forzadas, en días, en semanas, en meses, las mismas materias que se estudiaron durante cuatro años. Una preparación pesadísima, molestísima y estéril, que no aumenta la cultura del opositor, que no contribuye, más bien lo contrario. a su formación profesional, que no tiene otra finalidad que la de conquistar un puesto en el escalafón, finalidad que, en último término. depende de las vueltas y revueltas de una bolita, de la ofuscación de un momento, de una mala noche, de una pequeña molestia visceral de la buena o mala disposición de animo de los que han de juzgar

Y los tribunales de oposición fallan en única instancia, y si equivocan, su error no tiene enmienda.

Y para llegar a este resultado gasta el Estado y gasta un s nacional de los más modestos una millonada

Las Oposiciones que ahora se están celebrando no costarán menos de tres millones de pesetas a las familias de los opositores, y por los sueldos de los jueces que forman los tribunales durante e1 tiempo que duren las oposiciones, puede calcularse que pagará el Estado unas doscientas mil pesetas.

Las Oposiciones para seleccionar, entre todos los maestros, a los que hayan de regentar las escuelas nacionales, pueden ser sustituidas, con enormes ventajas, por los CURSOS PERMANENTES DE ORIENTACIÓN CULTURAL Y PEDAGÓGICA, tres sucesivos para cada promoción de maestros y de maestras—capital de provincia, capital de distrito universitaria y Madrid , veinte días de duración y veinte maestros y veinte maestras cada uno, internados por sexos, los dos grupos fusionados para el trabado, aprovechamiento de los mas valiosos valores nacionales, personas y cosas en cada localidad, selección de los más aptos por los mismos maestros.

Y con sólo esto, que no ataca ningún derecho adquirido, ni hiere ningún interés legitimo, se produce hondísima transformación.
El Estado no nombra jueces para que juzguen, ni tiene que preocuparse de defender la justicia contra posibles abusos: busca hombres especializados en los varios ramos del saber y del hacer humano para que despierten en los futuros maestros múltiples intereses, que sean como semillas que vayan germinando en el curso de su vida profesional, y la relación con estos hombres, los más de ellos profesores oficiales de todos los centros de enseñanza del Estado, bien pudiera considerarse como una orientación, tal vez más perfecta que la formación del magisterio primario en la universidad, actualmente en ensayo en algunos países, o como preparación o tanteo para este ensayo en nuestro país; entrega a los alumnos-maestros la función de juzgarse y seleccionarse, hecho de inmensa trascendencia en una función como la del maestro primario, que más que ninguna otra es de exigencias internas y excluye la coacción; y como se trata de hacer, y no de juzgar, los que intervengan, como maestro de maestros, no pueden ser valores falsos, y como a un primer curso y a una primera selección han de seguir un segundo y un tercero, con sus selecciones respectivas, no caben injusticias, ni errores que no puedan ser rectificados; es decir

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